lunes, 8 de febrero de 2016

Puertas giratorias

Han pasado las elecciones y todavía sigo escuchando este término por todos los lados. ¿Por qué? Pues no entiendo muy bien el motivo, pero la gente se empeña en seguir trabajando después de tener un cargo político de relevancia y busca su colocación.

Hay puestos que son más o menos ejecutivos y que tienen capacidad de decisión y por lo tanto requieren de unos conocimientos que pueden ser adquiridos durante décadas y luego aplicados en más de un puesto de trabajo. A la mente me viene el nombre de Rodrigo Rato, quien pasó por ministerios, fondos monetarios y entidades financieras. Todos los puestos tenían un hilo conductor de la economía y por algo el estuvo sus años estudiando para obtener una titulación que, al menos a nivel teórico, le capacitaba para ello.

Otros puestos son meramente representativos y sirven para dar publicidad (o abrir puertas) a grandes corporaciones a nuevos mercados. Nuevamente, alguien me viene a la mente y es Felipe González, que tras pasar por el gobierno de España y varios comités, tuvo su etapa en el sector energético como consejero. Capacitado para ello, se supone que estaba, puesto que no son pocos los consejos por los que había pasado previamente, ahora bien... no estaba bien visto.

Y ahí me surge la duda, ¿cuándo está bien visto el nuevo cargo y cuándo no? Pues no tengo ni idea... porque a priori lo único que se me ocurre es que si el puesto es a nivel internacional, no va a estar mal visto, pero poco más. Personalmente creo que se debería investigar la posible vinculación durante su etapa política con los titulares de las entidades en las que pasa su "prejubilación" los políticos que abandonan la vida política. Esto dotaría de transparencia su puesto y les dejaría en un lugar de honestidad que actualmente no tienen, pero aún así no sé si estaría bien visto. Al fin y al cabo, son caras conocidas en muchos círculos a los que llegaron tiempo atrás en representación de todos nosotros y luego lo utilizan para fines privados.

Estoy en contra de la prohibición de ocupar cargos en otras entidades, porque eso obligaría al estado a ofrecer cuantiosas pensiones que no son de recibo. Tampoco sería algo permisible por la legislación actual, puesto que cuando accedieron a la vida política no se les exigió elegir permanencia en la misma hasta el fin de sus días o engrosar las listas de desempleados. Si no podemos/debemos prohibir algo, no nos queda más remedio que permitirlo y dejar las cosas como están y está claro que no están bien como están ahora.

Así que... ¿cuál es la mejor opción? A mi modo de ver, la mejor opción sería un mundo perfecto en el que los políticos, que vuelven a la empresa privada se dedicasen a compartir su conocimiento en universidades y otros centros docentes de titularidad pública. De este modo, se podría aprovechar su conocimiento por generaciones venideras que aprenderían de sus aciertos y errores. De alguna manera, sería como convertir el Consejo de Estado en un comité de catedráticos eméritos y eso, siempre puede aportar más a la sociedad global que tenerlos compitiendo por cuotas de mercado en diferentes empresas.